René Garcías Molina, docente Carrera Ingeniería Comercial
Universidad Central Sede Región de Coquimbo.
El fin de las Fiestas Patrias deja una postal conocida en nuestros
destinos regionales: tras el frenesí dieciochero, sobreviene un silencio que
vacía hoteles y restaurantes. La reacción habitual es resignarse y esperar
que llegue enero. Esta inercia perpetúa la capacidad hotelera ociosa,
asfixia la liquidez y precariza el empleo local con contratos temporales. El
periodo octubre-diciembre no debe ser un valle de pérdidas; es una
ventana estratégica para captar a un visitante distinto, menos sensible al
clima y de mayor poder adquisitivo.
Ese perfil lo entrega el turismo MICE (reuniones, congresos y eventos).
Lejos de apagarse, la primavera es un trimestre de alta intensidad que
concentra cierres corporativos, simposios universitarios y cumbres
gremiales. Una muestra de este dinamismo se vivirá en la Universidad
Central Sede Región de Coquimbo, el 4, 5 y 6 de noviembre, en el XLII
Congreso Internacional ASFAE 2026, que reúne a cientos de expertos en
economía y negocios de todo el país. Los asistentes, viajan en días hábiles
gracias a viáticos institucionales, inyectando liquidez y reactivando la
infraestructura que habitualmente dejamos enfriar. Para no
desaprovechar esta ventana estratégica, municipios y gremios deben
dejar la inercia y actuar como verdaderos cazadores de eventos,
postulando a la zona en base a sus ventajas comparativas.
Esta dinámica cobra fuerza al articularse con la economía de nicho.
Quien viaja a un congreso busca experiencias exclusivas. Empaquetar la
oferta con astroturismo bajo cielos limpios o rutas de enología y catas en
viñas locales rentabiliza los atributos identitarios de la zona. Un menor
volumen de turistas de intereses especiales genera ingresos iguales o
superiores al estival, protegiendo la capacidad de carga local.
Asimismo, este flujo estabiliza ingresos para hacer algo clave:
reinvertir en la gente. La primavera prepara la industria para el peak
estival. Se debe capacitar a los equipos locales en hospitalidad, idiomas,
software de gestión y analítica de datos. Elevar los estándares, asegura
que al arribar el verano, la cadena opere con excelencia y productividad,
sin improvisar.
Las ciudades que progresan son aquellas que gestionan con decisión
su curva de demanda. Romper la inercia post-18 y construir un modelo
turístico inteligente, continuo y sostenible es una urgencia económica que
no podemos postergar.

