El 2-1 de Colo Colo sobre La U en el Estadio Nacional, en la edición 200 del Superclásico y válido por la fecha 20 de la Liga de Primera, tuvo el peso de un partido que puede comenzar a definir el campeonato.
El equipo de Fernando Ortiz dio un golpe en la mesa, derrotó a su principal perseguidor y quedó con una ventaja de 13 puntos sobre los azules, una distancia que, a esta altura de la temporada, transforma al ‘Cacique’ en el gran candidato al título.
La victoria del cuadro albo en el principal coliseo deportivo del país pasó por tres puntos claves: la figura consular del delantero argentino Javier Correa, la sorpresiva salida del experimentado Charles Aránguiz y el buen trabajo táctico de la visita, de la mano de Fernando Ortiz.
La jerarquía de Correa
Javier Correa fue la figura que terminó inclinando el partido hacia el lado albo. El delantero no necesitó monopolizar el juego para convertirse en una amenaza permanente.
Cada vez que tuvo contacto con el balón obligó a la defensa de Universidad de Chile a retroceder, fijó marcas y ofreció una referencia que le permitió a Colo Colo ganar metros en campo rival. Su aporte estuvo mucho más allá del gol y explicó buena parte de la superioridad ofensiva del visitante.
Su capacidad para jugar de espaldas, absorber la marca y descargar convirtió una acción aparentemente controlable en una situación de peligro. En un partido cerrado, esa clase de detalles suelen marcar la diferencia.
Pero la jerarquía de Correa también estuvo en su capacidad para sostener la amenaza durante el desarrollo del encuentro. El local tuvo que convivir con la sensación de que cualquier pelota dirigida hacia el atacante podía transformarse en una nueva oportunidad. Colo Colo encontró así una salida directa que le permitió escapar de la presión y, al mismo tiempo, mantener ocupados a los centrales azules.
En un Superclásico de esta magnitud, los futbolistas determinantes aparecen cuando el partido exige personalidad. Correa lo hizo. Participó directamente en los dos goles y terminó siendo el delantero que mejor interpretó lo que necesitaba el encuentro. Resistió el contacto, ganó duelos y convirtió cada intervención en una posibilidad de daño.

