Tener las manos y los pies fríos de vez en cuando es completamente normal, especialmente cuando baja la temperatura.
Sin embargo, si esta sensación aparece con frecuencia incluso en ambientes cálidos, podría estar relacionada con diferentes factores que conviene identificar.
La circulación puede ser una de las razones
Una de las causas más comunes de tener extremidades frías es que el cuerpo reduzca temporalmente el flujo sanguíneo hacia manos y pies para conservar el calor en los órganos principales.
Por eso, durante épocas de frío, es normal notar estas zonas más heladas que el resto del cuerpo.
También puede influir permanecer mucho tiempo sentado, tener poca actividad física o mantener una misma postura durante varias horas. En estos casos, levantarse, caminar y mover las extremidades puede ayudar a estimular la circulación.
No obstante, cuando las manos y los pies permanecen fríos de manera constante, podría ser conveniente prestar atención a otros síntomas.
Cambios en el color de los dedos, hormigueo, entumecimiento o dolor son señales que no deberían ignorarse.
Anemia, tiroides y otras posibles causas
Las extremidades frías también pueden aparecer relacionadas con algunas condiciones de salud. Por ejemplo, la anemia puede provocar sensación de frío, cansancio, debilidad, mareos o falta de energía, debido a que el organismo no transporta suficiente oxígeno a los tejidos.
Otra posibilidad es el hipotiroidismo. Cuando la glándula tiroides produce menos hormonas de las necesarias, el metabolismo puede volverse más lento y aumentar la sensibilidad al frío.
Otros síntomas pueden incluir cansancio, piel seca, estreñimiento o cambios de peso.
También existe el fenómeno de Raynaud, que los especialistas describen como una alteración en la que los vasos sanguíneos de los dedos reaccionan de forma exagerada ante el frío o el estrés.
Durante un episodio, los dedos pueden cambiar de color, ponerse blancos o azulados y posteriormente recuperar su tonalidad mientras vuelve el flujo sanguíneo.
¿Cuándo deberías consultar a un médico?
Tener las manos o los pies fríos ocasionalmente no necesariamente significa que exista un problema de salud.
La preocupación aparece cuando la sensación es persistente, empeora con el tiempo o está acompañada de otros cambios físicos.
Es recomendable consultar a un profesional de la salud si además aparecen dolor, entumecimiento frecuente, heridas que tardan en sanar, cambios importantes de color en los dedos, cansancio intenso o mareos.
Fuente.- Publimetro.

